Oficialmente, ya casi soy un Canadiense más

Cómo os dije, la constancia no era una de mis virtudes principales. Pero aquí estamos, de vuelta...

Supongo que si alguien sigue este blog no me habrá echado de menos estos días, ya que han coincidido con Navidad y estaría muy ocupado poniéndose hasta arriba de jamón, marisco, mazapán, polvorones, turrón... y después de eso, de güisqui.

Vamos, todo lo que no tenemos aquí en Montreal...

Pero no preocuparse, no todo van a ser lágrimas en la viña del Señor... ¡Tenemos poutine! ¡POUTINE! Ese hito culinario digno de Reyes y señores feudales...

La primera prueba que te convierte en un auténtico Canadiense es comerse una buena poutine con una buena cerveza (preferiblemente rubia e insípida, aunque yo aquí hice trampas y me tomé una tostada bastante rica) y no morir en el intento.

Ingredientes para una Poutine (X personas):

- Patatas fritas (cuanto más fritas, mejor. ¡Viva la acrilamida canadiense!)
- Queso (preferiblemente un poco insípido, pero eso sí, grasiento a tope)
- Salsa de carne (imagino que de vacuno, no nos vamos a andar con carnes blancas...)

Et voilá!! 
Ya tenemos un plato con una elaboración digna de El Bulli.

La prueba del delito (culinario)

Claro, que todo esto se entiende si tienes que estar caminando por la calle a temperaturas bajo cero: te da la energía necesaria para quemar calorías como si fueras Valencia en Fallas y contribuye a engrosar tu capa externa de grasa corporal aislante. Todo ventajas.

Y así, tras comerte una buena cantidad, puedes reemprender la marcha por las calles de Montreal. He de decir que tras un pateo más intenso que el que había dado hasta ahora (ha ayudado a ello que estaba muy bien acompañado estas fiestas) la ciudad (lo poco que he visto) tiene su encanto. Es cierto que tiene unas zonas con un aspecto muy decadente, pero luego otras tienen cierto aire underground que no está mal del todo. Hablo de los barrios turísticos, pero fuera de lo que es el casco histórico (Old Montreal) o la zona financiera (Downtown), plagada de rascacielos. Vamos, hablo del Plateau de Mont Royal, ese barrio que todo el mundo de por aquí os recomendará visitar, especialmente llamativo por su pintoresca arquitectura, con muchas viviendas de colores y algunas más con las escaleras por fuera. Es como si se hubieran querido ahorrar el portal y han hecho las entradas a cada planta cada una con su escalera, directamente. Curioso al menos.

Plateau Mont-Royal

Sin embargo, lo que más me ha gustado de esta zona es la gran cantidad y calidad de su arte urbano. Graffittis, para entendernos. Por lo visto, todos los años se organiza un festival llamado 'Mural' en el que muchos artistas urbanos pintan las fachadas y los muros laterales de un gran número de edificios de la zona, generalmente alrededor de Saint Laurent Boulevard (también llamado 'The Main', la calle que recorre la ciudad de Sur a Norte y que la divide en la zona Este y la zona Oeste, de manera similar a la Quinta Avenida de Nueva York). Este tipo de festivales parece que tienen cierto arraigo en la ciudad, y buscan más bien rehabilitar las zonas decadentes que os contaba antes; como me parece una iniciativa bastante interesante, ya os hablaré más de ello en otro momento. 

Ahora toca volver a la adquisición de la 'canadiensidad' oficial con la segunda de las pruebas.

Claro, paseando y viendo graffittis es fácil que se te haga de noche (para lo cuál tampoco hay que correr demasiado, en diciembre ha habido días que a las 16.00 se veía menos que un gato de escayola). Y ojo como te pase eso, porque puede que vayas a conocer el verdadero significado de las dos palabras más oídas estos días por estos lares: Black Ice

Si amigos y amigas (y amigues), el famoso 'black ice' no es otra cosa que ese hielo que se forma sibilinamente sobre una superficie de paso (peatonal o de vehículos) y que espera a que un incauto viandante/conductor pase por encima de él para desatar toda su furia resbaladora, provocando la pérdida de control motriz sobre cualesquiera que sean las superficies de contacto que en ese momento se tengan. 

Vamos, que tienes todas las papeletas para darte una buena ho***a contra el suelo.

Pues bien, esta parece ser la segunda prueba que le ponen a los inmigrantes para ver si están integrados en la vida del 'Auténtico Norte' y... yo ya la he superado. Sin consecuencias más allá de unas pequeñas magulladuras y un poco de vergüenza ante el resto de viandantes, que por cierto, muy 'polite' muy 'polite', pero ni un solo canadiense se dignó a ayudarme a ponerme de pie...

Es curioso que en el país de la nieve más blanca, pura y abundante del planeta (o por ahí le debe andar), sea una cosa llamada 'hielo negro' la que te hace convertirte en uno más entre los oriundos de la región...

País de contrastes.



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